1.10.12

Professional Development Units

Also known as PDU’s, Professional Development Units are a concept made popular by the Project Management Institute. They are from my perspective one of the most interest concepts well-crafted by this worldwide professional association. In a world strongly ruled by the discourse of rights and by the imperative of what I can get from my profession; emphasizing on values such as professional responsibility and accountability is in some sense refreshing. It provides a framework to shift the focus into the more important question of what can I do for my professional field.

This shift in perspective is ruled from the ground up as it is defined in the PMI Code of Ethics and Professional Conduct. This code adhered to by any member of the PMI, any person volunteering with the PMI or any person holding or pursuing a PMI certification, ties Project Management reputation as a professional field, and its subsequent advancement, directly to the practice of every individual practitioner. 

In this sense, a three year cycle starts as soon as a Project Manager approves the Project Management Professional (PMP) exam. In that time frame a minimum of 60 PDU’s must be gained and reported to the Institute, in order to renew the certification and PMP status. These PDU’s are gained by performing different sorts of activities previously categorized by the Institute. All of them aim to give back to the profession. They vary from training other colleagues for taking the PMP exam, publishing articles on the field of Project Management, volunteering Project Management duties with NGO’s, participating in conferences and forums – either as a speaker or participant – or even working in Projects on a daily basis. 

This triggers an interesting dynamic in which for one hand the institution secures a very interesting cash flow in an ongoing basis once the professionals achieve the certified status. Several of the development options and events available are offered by third parties having the Project Management discipline and training as a business. Some of those are sponsored or held by PMI itself, others are credited through an independent process for Project Management consulting and training firms. On the other hand, these chained businesses promote the professional progress. In a relatively recent field like that of Project Management, looking in the past few decades to consolidate itself as a professional practice with true and intrinsic business value, this is a very desirable objective. From my perspective and judging by the results, the overall strategy has been very successful. 

At the end of the day this approach has paid significant benefits both to Project Managers and to the companies which have taken the not always easy decision to invest in Project Management. For willing businesses, Project Management has demonstrated to be a discipline capable of achieving value and ultimate financial results if practiced in an appropriate manner. For practitioners around the world, an increasing demand and renown for Project Managers has been a constant for some years now. 

As long as we continue to show commitment and contribution to our professional field, to our everyday duties as Project Managers, and to the progress of both of them, this virtuous circle will continue; both for our professional good and for the good of our companies. No question it would be also for the good of the Project Management Institute. From my perspective that’s just fair enough. Its value resides precisely in the fact that as an institution they crafted, formalized and put to work these principles. As a practitioner of the discipline it is rewarding to be part of a professional association like this one. 



- Sergio Calvo.

Unidades de Desarrollo Profesional

También conocidas como UDP’s (del inglés PDU), las Unidades de Desarrollo Profesional son un concepto popularizado por el Project Management Institute. Desde mi perspectiva constituyen uno de los conceptos más interesantes y mejor pulidos de esta asociación profesional alrededor del mundo. En un mundo fuertemente orientado hacia el discurso de los derechos y hacia el imperativo de lo que puedo obtener de mi profesión, enfatizar en valores tales como la responsabilidad profesional y la rendición de cuentas es en algún sentido refrescante. Las UDP’s proveen un marco de trabajo para cambiar el enfoque hacia la cuestión más importante de qué puedo aportar yo a mi campo profesional. 

Este cambio de perspectiva está reglamentado desde el inicio tal y como se define en el Código de Ética y Conducta Profesional del PMI. Este código que debe ser aceptado por cualquier miembro del PMI, cualquier voluntario del PMI, ó cualquier persona que tenga una certificación del PMI o qué este en proceso de obtenerla, enlaza directamente la reputación de la Administración de Proyectos como campo profesional, y su desarrollo subsecuente, a la práctica de individual de cada profesional. 

En este sentido, un ciclo de tres años inicia tan pronto un Gerente de Proyectos aprueba su examen como Profesional en Administración de Proyectos (PMP). En ese horizonte de tiempo un mínimo de 60 UDP’s debe obtenerse y reportarse al Instituto para poder renovar el status de certificación. Estas UDP’s se alcanzan realizando muy diversas actividades categorizadas previamente por el Instituto. Todas ellas tienen como objetivo común retribuir a la profesión. Las mismas varían desde entrenar a otros colegas para obtener su certificación, publicar artículos en el campo de la Administración de Proyectos, voluntariado en Gestión de Proyectos para ONG’s, participar en foros y conferencias –como orador ó como participante – hasta el propio desempeño como Gerente de Proyectos a tiempo completo. 

Esto desencadena una interesante dinámica en donde por un lado la institución asegura un flujo de caja muy interesante de manera constante luego de que los profesionales alcanzan su status de certificación. Muchas de las opciones de crecimiento profesional y eventos disponibles son ofrecidas por terceros que tienen la disciplina de la Administración de Proyectos y el entrenamiento para la misma como negocio. Algunas de estas actividades son patrocinadas por el PMI directamente, otras son acreditadas por medio de un proceso separado de certificación para firmas de consultoría y de capacitación. Por el otro lado, estos negocios encadenados inyectan el progreso profesional. En un campo relativamente nuevo como el de la Gestión de Proyectos, que ha buscado consolidarse como una practica con valor de negocios intrínseco en las últimas décadas, este es un objetivo muy deseable. Desde mi perspectiva y juzgando por los resultados, la estrategia como un todo ha sido bastante exitosa. 

Al final de cuentas esta propuesta ha rendido beneficios significativos tanto para los Gerentes de Proyecto como para las compañías que han tomado la no siempre fácil decisión de invertir en la Administración de Proyectos. Para las empresas dispuestas, la Administración de Proyectos ha demostrado ser una disciplina capaz de generar valor y en última instancia resultados financieros si se practica de manera apropiada. Para los profesionales alrededor del mundo, esto ha significado una demanda y un renombre crecientes en los últimos años. 

Mientras continuemos mostrando compromiso y contribuyamos con nuestro campo profesional, con nuestras asignaciones como Gerentes de Proyectos, y con el progreso de ambos, este círculo virtuoso continuará; tanto para nuestro beneficio profesional como para el bien de nuestras compañías. Sin duda esto será también para el beneficio del Project Management Institute. Esto me parece justo dado que su valor radica precisamente en el hecho de que como institución montaron, formalizaron y pusieron a funcionar estos principios. Como profesional de la disciplina es gratificante ser parte de una asociación profesional como esta. 


– Sergio Calvo.